Asma 101: Principios básicos para respirar

Respire profundamente.

El aire que usted acaba de inhalar a través de su nariz o boca entró al conducto de la traquea que pasa a través de su cuello y llega a una red de tubos grandes y pequeños en sus pulmones conocidos como vías respiratorias, o tubos bronquiales. Al punto final de estos tubos pequeños existen unos grupos semejantes a uvas que se llaman sacos de aire, o alveolos. Las paredes de estos pequeños sacos de aire son tan finas, que el oxígeno presente en el aire que usted respira puede pasar a través de ellas al sistema sanguíneo.

Ahora deje salir el aire que respiró.

Según el oxígeno que pasó de los sacos de aire a su sangre, el aire usado (bióxido de carbono) pasó de la sangre a través de las paredes de los alveolos y salió a través de las vías respiratorias cuando usted exhaló.

Sencillo, ¿no?

No del todo. Sus pulmones son unos órganos maravillosos que son todo menos simples. Examinémoslos más de cerca.

La “piel” o membrana que cubre las paredes dentro de las vías respiratorias se llama epithelium. Esta consiste de millones de células que protegen las capas de las vías respiratorias donde se encuentran las puntas de los nervios. La superficie del epithelium contiene pequeños pelos, conocidos como cilias, que se mueven en ondas como las olas del mar para mover una capa fina de mucosa que filtra el aire que respiramos. La mucosidad provee humedad, calienta el aire que respiramos y ayuda a prevenir infecciones.

Acercándose aún más a los pulmones, se pueden notar aros de músculo suave que se envuelven alrededor de los tubos bronquiales. Estos son músculos involuntarios que se relajan y contraen cada vez que respiramos. Nosotros no podemos hacer que estos músculos actúen voluntariamente a nuestros deseos como lo hacen los de los brazos y piernas.